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Doing+: la startup argentina que revoluciona la industria con robots e impresión 3D metálica

July 30, 2026 · 11 min de lectura

Doing+: la startup argentina que revoluciona la industria con robots e impresión 3D metálica

Por Facu Ríos

Mi primer encontronazo con la fabricación aditiva

Todavía me acuerdo de mi primera impresión 3D. Un plato de fideos de plástico. Literalmente. Había configurado mal la altura de la cama, la temperatura del hotend estaba por las nubes, y el filamento PLA salió como una masa informe que se pegó al nozzle y se arrastró por toda la superficie. Quedó una cosa marrón, fibrosa, con forma de espiral fallido. La guardé. Todavía la tengo en un cajón, al lado del monitor.

En ese momento, hace unos años, yo pensaba que la impresión 3D era magia. Que apretabas un botón y salía una pieza perfecta. Me había visto tres tutoriales de YouTube, había comprado una Ender 3 usada por 45 mil pesos argentinos (orientativo, por supuesto), y estaba convencido de que iba a imprimir repuestos para todo. La realidad me pegó fuerte: la primera semana fue puro error. Cama desnivelada, filamento que se enredaba, capas que se separaban. Me quería agarrar la cabeza.

Pero ahí apareció el Colo. Un pibe autodidacta del club de robótica de Rosario, que me pasó un Excel compartido con perfiles de impresión que todavía uso. Me dijo una frase que se me quedó grabada: “Fallá barato, que el plástico es perdón.” Y tenía razón. El plástico es barato, se puede reciclar, y cada error te enseña algo. Fallé, fallé, fallé, y de a poco fui entendiendo.

Hoy, cuando veo noticias como la de Doing+, una startup argentina que está metiendo robots e impresión 3D metálica, no puedo evitar pensar en ese plato de fideos. Porque si yo me sentí un idiota con mi impresora de plástico, imaginate lo que debe ser arrancar con metal. Pero justamente de eso se trata: de animarse, de preguntar sin vergüenza, y de entender que no hay magia, solo prueba y error.

¿Qué es Doing+ y por qué debería importarte?

La noticia la vi en Head Topics (https://ar.headtopics.com/news/doing-la-startup-argentina-que-revoluciona-la-industria-81676025). La startup argentina Doing+ está usando tecnología WAAM (Fabricación Aditiva por Arco de Alambre) y láser azul para fabricar piezas metálicas complejas con brazos robóticos. ¿Qué significa esto en criollo? Que en lugar de tener una impresora 3D de escritorio que solo se mueve en tres ejes (X, Y, Z), ellos tienen un brazo robótico que puede imprimir en cualquier orientación. No importa si la pieza tiene voladizos, curvas imposibles o formas que en una impresora tradicional necesitarían soportes enormes. El brazo se acomoda, rota, y deposita metal fundido donde haga falta.

Los datos verificables, textuales de la fuente, son estos:

  • Tecnología WAAM (Fabricación Aditiva por Arco de Alambre)
  • Láser azul
  • Impresión en cualquier orientación con brazo robótico

No hay más cifras en la nota original. No invento nada. Esto es lo que hay.

Ahora, ¿por qué esto es importante para vos, que estás leyendo esto desde tu casa, quizás con una impresora FDM que compraste usada? Porque Doing+ es un desarrollo local. No es una empresa de Silicon Valley ni un laboratorio alemán. Es argentina. Y eso significa que la capacidad técnica existe acá, en nuestro país, para hacer cosas que hasta hace unos años parecían ciencia ficción.

La pregunta que todos se hacen: ¿esto me sirve a mí?

Vamos al hueso. Si sos un hobbista como yo, que imprime llaveros de PLA y algún repuesto de plástico para la cortadora de césped, la respuesta corta es: todavía no. La impresión 3D metálica con WAAM y láser azul no es algo que vayas a tener en tu escritorio mañana. Los equipos son caros, requieren infraestructura industrial, y el metal no perdona como el plástico. Un error con metal fundido no es un plato de fideos; es un riesgo de seguridad y un gasto importante.

Pero acá viene lo interesante. Doing+ abre una puerta para las pymes industriales argentinas. Pensá en un taller metalúrgico de Rosario, de Córdoba, de la Matanza. Hoy, si necesitan una pieza compleja —un engranaje con forma rara, un soporte con curvas imposibles— tienen dos opciones: mecanizarla con CNC (caro, lento, mucho desperdicio de material) o importarla (dólar, tiempos de aduana, incertidumbre). Con la fabricación aditiva metálica, pueden producir esa pieza sin depender de importaciones, con menos material desperdiciado, y con geometrías que antes eran imposibles.

Y eso, para un país como el nuestro, donde cada dólar cuenta y la industria necesita soluciones locales, es un golazo.

¿Cómo funciona esto del WAAM y el láser azul?

No soy ingeniero, soy un rosarino maker que aprendió a los ponchazos. Pero te lo explico como me lo explicaron a mí.

WAAM es básicamente una soldadura robotizada muy precisa. En lugar de tener un filamento de plástico que se funde, tenés un alambre metálico (de acero, aluminio, titanio, lo que sea) que se funde con un arco eléctrico. El brazo robótico va depositando capa sobre capa, como si fuera una impresora 3D de plástico, pero con metal. La diferencia es que el brazo puede moverse en seis ejes, no solo en tres. Eso permite imprimir en cualquier orientación, sin necesidad de soportes.

El láser azul es una tecnología más nueva. Los láseres tradicionales para metal son infrarrojos, pero el azul tiene una longitud de onda más corta, lo que permite fundir metales más reflectivos (como el cobre o el aluminio) con mayor eficiencia. Es como pasar de una lupa común a una lupa de precisión: calentás justo donde querés, sin desperdiciar energía.

La combinación de ambas tecnologías permite hacer piezas que antes requerían moldes, fundición, o mecanizado complejo. Y todo con un brazo robótico que puede trabajar 24/7.

¿Qué significa esto para el principiante?

Tranquilo, todos empezamos por acá. Si estás leyendo esto y pensás “yo ni siquiera sé nivelar la cama de mi impresora”, no te preocupes. No es magia, es prueba y error. El camino es el mismo: arrancá con plástico, aprendé a fallar barato, y después, si te enganchás, podés ir subiendo de nivel.

Lo que me gusta de Doing+ es que demuestra que la fabricación aditiva no es solo para plásticos. El metal también se puede imprimir, y se puede imprimir bien. Pero el aprendizaje es el mismo que con el PLA: entender por qué falló vale más que la impresión perfecta.

Si algún día querés meterte en impresión metálica, te recomiendo que primero domines la FDM. Aprendé a calibrar, a elegir temperaturas, a identificar problemas de adhesión. Todo eso se traslada. El metal es menos indulgente, pero los principios son los mismos.

Preguntas de la gente

¿Puedo comprar una impresora WAAM para mi casa?

No, al menos no por ahora. Los equipos WAAM son industriales, cuestan decenas de miles de dólares, y requieren instalaciones especializadas (ventilación, seguridad contra incendios, manejo de gases). Si querés experimentar con metal, existen opciones más accesibles como las impresoras de metal con binder jetting, pero todavía son caras para un hobbista. Mi consejo: seguí con plástico y andá a eventos de fabricación digital para ver estas máquinas en acción.

¿Qué materiales metálicos se pueden imprimir con WAAM?

Según la fuente, se usa alambre metálico. Los más comunes son acero al carbono, acero inoxidable, aluminio, titanio y aleaciones de níquel. Cada material requiere ajustes en la velocidad de impresión, la temperatura del arco y la potencia del láser. No es tan simple como cambiar el filamento en una impresora de plástico, pero la versatilidad es enorme.

¿Es más barato imprimir metal que mecanizarlo?

Depende. Para piezas simples, el mecanizado CNC sigue siendo más rápido y económico. Pero para geometrías complejas, con cavidades internas o formas orgánicas, la impresión 3D metálica gana porque no genera desperdicio de material (solo usás el metal que necesitás) y no requiere herramientas especiales. Además, podés hacer lotes pequeños sin el costo de un molde. Para una pyme que necesita 10 piezas raras, puede ser un negocio.

¿Dónde puedo aprender más sobre WAAM en Argentina?

Hay algunos centros de investigación y universidades que están trabajando con fabricación aditiva metálica. El INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) tiene un laboratorio de impresión 3D, y algunas facultades de ingeniería (como la UTN o la UNR) ofrecen cursos y talleres. También hay comunidades online como el grupo de Facebook “Impresión 3D Argentina” donde se comparten recursos. No esperes tutoriales paso a paso como los de PLA; esto es más nuevo y la información está dispersa.

¿El láser azul es peligroso?

Sí, totalmente. Los láseres de alta potencia, sean azules o infrarrojos, pueden causar daños oculares irreversibles y quemaduras en la piel. Las máquinas industriales tienen protecciones (cámaras cerradas, sensores de seguridad). Nunca intentes construir un láser azul casero para impresión metálica. Si algún día trabajás con estos equipos, usá siempre gafas de seguridad certificadas para la longitud de onda específica.

¿Puedo imprimir una pieza metálica con mi impresora 3D de plástico si le pongo un hotend especial?

No. Las impresoras FDM no pueden alcanzar las temperaturas necesarias para fundir metal (los metales comunes funden a más de 1000°C, mientras que un hotend de PLA llega a 260°C como máximo). Además, el metal líquido es mucho más denso y corrosivo que el plástico. Existen filamentos con polvo metálico (como el Metal PLA), pero no son metal real: son plástico con partículas metálicas que luego se sinterizan en un horno especial. No es lo mismo.

Mi cierre: Tu primera impresión (metálica o no)

Cuando arranqué con la impresión 3D, lo único que quería era que la primera pieza saliera bien. Me olvidé de aprender. Me olvidé de fallar. Me olvidé de que el proceso es más importante que el resultado.

Con Doing+ pasa algo parecido. Es tentador pensar “qué copado, quiero imprimir metal ya”. Pero la realidad es que esta tecnología está en sus primeras etapas, incluso a nivel global. Los costos van a bajar, las máquinas se van a simplificar, y en unos años quizás veamos versiones más accesibles. Pero hoy, el valor está en entender cómo funciona, en seguir de cerca el desarrollo local, y en apoyar a las startups argentinas que se animan a innovar.

Mi consejo, el que me hubiera gustado tener el día uno: no te apures. Aprendé con plástico. Fallá barato. Guardá tus errores. Y cuando sientas que ya entendiste los fundamentos, recién ahí empezá a mirar hacia el metal. Porque la impresión 3D, sea de plástico o de acero, no es magia. Es prueba y error, con un poco de paciencia y mucho de curiosidad.

Y si algún día ves un brazo robótico imprimiendo una pieza de titanio en un galpón de Rosario, acordate de este artículo. Porque ese brazo, de alguna manera, arrancó con un plato de fideos de plástico.

Contenido orientativo para hobbistas. Con impresoras, boquillas calientes, herramientas y químicos, seguí siempre las indicaciones de seguridad del fabricante. Las cifras en pesos argentinos son orientativas y pueden variar.

Facu Ríos
Escrito por Facu Ríos

Maker que arrancó de cero y ya se comió todos los errores del principio. Le hablo al que recién empieza. Voz editorial de PuntoMaker, con asistencia de IA.

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